domingo, 6 de junio de 2010

UNA ISLA DE PELICULA

Llamada "la isla de los naufragios" o también "la tumba del Atlántico", esta curiosa isla se ha convertido en leyenda por sus más de 350 hundimientos documentados en los últimos cinco siglos.
Desde el aire, a través de una imagen satelital o vista en una carta náutica, la isla se asemeja claramente a una cimitarra. Sable Island es en realidad una peligrosa lengüeta de arena de 42 km. de largo por 1,5 de ancho en su parte más alejada entre costas, ubicada en aguas canadienses y a 180 kms. al SE de Nueva Escocia. Invisible en la niebla, rodeada por corrientes traicioneras e imposible de evitar en medio de una tormenta, la Isla Sable se conoció antiguamente como Isla Fagunda (su nombre se debía al portugüés, Joao Fogundes, que la visitó por primera vez en 1520) pero ante un intento francés, a fines del siglo XVI, de establecer una colonia penal la bautizaron como "lle Sable", la isla de arena.

Desde su seguramente accidental descubrimiento hasta hoy, se sabe de varios miles de navegantes que perdieron la vida en estas aguas, tras la zozobra de sus embarcaciones al ser arrojadas contra los bancos de arena, a pesar de estar señalizada por dos faros que instalara el gobierno canadiense en 1872, uno en cada extremo. Actualmente se encuentra prohibido el acceso a la isla para evitar los probables saqueos de los restos de tanto naufragio.
Desde hace un par de años, la isla se encuentra habitada por una dotación permanente de la Agencia Ambiental canadiense, aunque no están solos. Curiosamente, se encuentra una manada de aprox. 300 caballos salvajes, cuyos antepasados se cree haber sido abandonados por el comerciante Boston T. Hancock hace un par de siglos.
El primer naufragio del que se tiene data fue en 1583 y el último en 1999. Aunque el más famoso fue de ficción: cuando el Andrea Gail, el pesquero protagonista de la película La Tormenta Perfecta, se habría hundido cerca de Sable Island, aunque no existe registro de que el verdadero "Andrea Gail" hubiese llegado tan lejos, antes de desaparecer.
En Isla Sable nada crece, salvo algo de cesped y un puñado de arbustos. El viento y las corrientes cambian permanentemente la forma de sus costas y, aunque en un intento del gobierno para estabilizar el suelo plantó 80.000 árboles en 1901, el proyecto fracasó cuando todos los ejemplares murieron.